¡¡¿¿Qué pasó con la pesca??!!
Algo no anda bien, algo no encaja. Recuerdo mi entusiasmo infantil respecto a la pesca, y los mil planes que me hacía para ‘el futuro’. Sin ir más lejos, hace unos 10 años atrás (en realidad no es tan cerca tampoco), cuando llegamos a Constitución, con mi cuñado teníamos unas cañas que daban vergüenza y nuestro medio de transporte llevaba cordones. Sin embargo, nos las arreglábamos para salir de pesca por ahí los fines de semana, y hasta dentro de la semana; tras la jornada de pega a veces le dedicábamos un par de horas a los robalitos. Invariablemente el tema de conversación giraba en torno a lo felices que seríamos con un autito; incluso, si andábamos pesimistas, bajábamos hasta las bicicletas como una opción viable. No es fácil confesarlo, pero sí: Envidiábamos a quienes llegaban a pescar en auto. Con el tiempo mi cuñado se compró su carrito. ¡Le dejó de gustar la pesca al wn! Sospecho que nunca le gustó. Si lo analizo fríamente, estaba recién casado… quizás quería quedar bien con e...