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Mostrando las entradas de abril, 2007

Mi Opinión sobre Gring-land

a Bea. Declárome admirador de la ‘cultura americana’; lo soy incluso desde los tiempos en que las canciones protesta nos reforzaban todo el día el sentimiento de que una sociedad justa debía ser todo lo contrario al ‘Imperialismo’ del norte. ¡Qué más justo!, me pregunto yo, ¡que el que se saca la cresta gane más que el que flojea!... ¡O que el más inteligente tenga mejores oportunidades que el tonto! Claro… no es tan así la cosa, y si vamos al detalle podríamos encontrarnos con grandes sorpresas al descubrir que estas normas no siempre se cumplen. Pero es la pomada que nos han vendido en general y se las compro. Lo que más me admira, sin embargo, es esa capacidad genética de un segmento de estos huevones, a los cuales denominaré ‘idealistas’, de emprender desafíos tecnológicos por el puro afán de demostrar que se puede, no importando el costo que esto pueda llegar a tener. Y fue así como estos huevones le demostraron al mundo que se podía volar, hacer edificios más altos, crear el avió...

La Gran Houdini

Es cierto que el tema puede ser un poco repetitivo, pero si tienen una hija de 3 años lo entenderán. No me caracterizo por soportar de buenas a primeras a los niños, y esta tendencia al odio con los pequeñuelos me lleva a divertirme a costa de ellos haciéndoles bromas pesadas o planteándoles dilemas que debido a su ignorancia no podrán resolver. Mi hija, sangre de mi sangre, no podía estar libre de tales jugarretas por mucho que la quiera. Tiene ella un baldecito con legos. Con la intención de ponerla a pensar un rato, tomé uno de los más notorios por tamaño y forma y le hice creer que lo ponía dentro antes de cerrar la tapa. No es difícil distraer un niño y cambiar la pieza de mano; siempre funciona. Luego anuncié mi truco: daría dos golpecitos sobre la tapa del tacho y el lego habría desaparecido. Tomé aire, puse cara de David Copperfield, di los dos golpes y ¡voilá!... al levantar la tapa el lego había desaparecido ante sus propios ojos. El truco no estaba completo. Miré con gran at...

EL AVION DE PAPEL

Fue ayer en la tarde, casi de noche. Entré a la pieza de mi niña y la encontré muy concentrada poniendo pegamento en barra a un retazo de papel. Al ver sobre su cama un montón de lápices, cajitas de remedio y un cuaderno pintarrajeado, me asusté de que pudiera estar haciendo un desastre, pero no tenía de qué preocuparme. Al preguntarle a qué venía tanto desorden, me respondió sin mirar mientras seguía poniendo engrudo: “Estoy haciendo un avión de papel”. “Debió verlo en algún programa”, pensé. Me pareció que debía dejarla tomar el desafío y me fui al living a ver televisión, después de todo, a primera vista parecía no haber manchado nada aún. Sentado en la alfombra, puse la mirada en la última cuenta que me había llegado, y decidí hacer algo mejor con ella. Llamé a la peque, le pedí que me alcanzara el sobre y con gran parsimonia y movimientos estilizados como se los he visto a los magos de la tele, comencé a ejecutar los pliegues que recordaba de mis días de colegio. Pronto dejó a un ...