Mi Opinión sobre Gring-land
a Bea.
Lo que más me admira, sin embargo, es esa capacidad genética de un segmento de estos huevones, a los cuales denominaré ‘idealistas’, de emprender desafíos tecnológicos por el puro afán de demostrar que se puede, no importando el costo que esto pueda llegar a tener. Y fue así como estos huevones le demostraron al mundo que se podía volar, hacer edificios más altos, crear el avión de madera más grande del mundo, dividir el átomo y, por sólo dar el ejemplo de los ejemplos, ensartarle en el poto un petardo de combustible líquido a un par de pelotas nacionalistas y mandarlos a la luna. Y es cierto que había muchos científicos en otros países que tenían las mismas ideas, que quizás lo lograron, y que además pueden estarse revolcando en sus tumbas al ver que sus ideas o, en algunos casos específicos, las ideas con ideador y todo, fueron robadas, pero acá es donde viene la gran diferencia de los gringos: Una vez que lograron el desafío, saltaron jubilosos y se abrazaron (muchos por primera vez en sus vidas)… Digo, una vez que lograron la meta, no pasan ni dos minutos y aparece la segunda sub-raza gringa (las langostas) que ya ha ideado la forma de sacarle plata; y vamos usando los cohetes pa instalar satélites y la bomba atómica pa chantajear huevones.
Entonces, afino un poco más la puntería y me declaro admirador de la primera sub-raza. Ese lote de idealistas hasta la médula que pueden dejar a sus hijos sin comer, encerrarse en un garage por semanas o jugarse la fortuna familiar en la construcción de una trampa de ratones más eficiente. Son ellos, gente como los Wright, Howard Huges, Franklin, Edison, Steve Jobs, etc, que le han dado a la sociedad americana el prestigio que ahora se ha ido desgastando.
Hay una tercera sub-raza, y el análisis no estaría bien si no la menciono: ‘La carne de cañón’. A pesar del nombre peyorativo, no deja de ser otra demostración más de la eficiencia gringa. Son ellos muy cerrados en cuanto a admitir dentro de su círculo a personas que no concuerden con su standard de ‘ser humano’. Sin embargo, cuando se hacen necesarios, ya sea para que suden soldando en la cámara más profunda de un barco en construcción, o para que les limpien las fosas sépticas, en ese caso, están dispuestos a admitirlos. Y si sobran… bueno, si sobran, les ponemos un uniforme bonito y los mandamos a pelear por ahí para conseguir petróleo más barato… Como este segmento está controlado por la segunda sub-raza, algún provecho hay que sacarles (no sé si habrá una estadística de los porcentajes de morenos y rubios que han muerto en Irak). ¿Y si todo sale mal? Bueno, en ese caso la sociedad se purifica y volvemos a comenzar.
Y me falta la cuarta sub-raza, la que compone la mayoria y la cual tu te has topado en estos días y tanto admiras. Les llamaré ‘votantes’.
Estos viven ajenos a la tremenda efervescencia de las otras tres y pueden llevar una vida paradisiaca, con todo en orden, sin preocuparse mayormente de la delincuencia ni de su futuro económico, pues se les permite vivir tranquilamente; sin mayores sobresaltos. Estos tienen tiempo para divertirse con comediantes, carreras Nascar , baseball, o football americano (que gran diseño de sociedad está completo sin el Circo).
Ellos jamás reclamarán y raramente saldrán a la calle a protestar por lo que haga su presidente (generalmente una ‘langosta’ o títere de éstas). Mientras todo esté bien y siga funcionando normalmente, permanecerán como tranquilos espectadores de lo que ocurra con los otros sectores. ¿Y cómo se ganan su derecho a esta paz?… Bueno, son ordenados, eficientes, educados y, como metódicos que son, representan la gran fuerza votante de la sociedad.
¿Qué si tengo razón?
¡Claro que no! No vivo allá y no tengo idea de lo que pasa.
Pero me divierte pensarlo y es un buen ejercicio mental.
Declárome admirador de la ‘cultura americana’; lo soy incluso desde los tiempos en que las canciones protesta nos reforzaban todo el día el sentimiento de que una sociedad justa debía ser todo lo contrario al ‘Imperialismo’ del norte. ¡Qué más justo!, me pregunto yo, ¡que el que se saca la cresta gane más que el que flojea!... ¡O que el más inteligente tenga mejores oportunidades que el tonto! Claro… no es tan así la cosa, y si vamos al detalle podríamos encontrarnos con grandes sorpresas al descubrir que estas normas no siempre se cumplen. Pero es la pomada que nos han vendido en general y se las compro.
Lo que más me admira, sin embargo, es esa capacidad genética de un segmento de estos huevones, a los cuales denominaré ‘idealistas’, de emprender desafíos tecnológicos por el puro afán de demostrar que se puede, no importando el costo que esto pueda llegar a tener. Y fue así como estos huevones le demostraron al mundo que se podía volar, hacer edificios más altos, crear el avión de madera más grande del mundo, dividir el átomo y, por sólo dar el ejemplo de los ejemplos, ensartarle en el poto un petardo de combustible líquido a un par de pelotas nacionalistas y mandarlos a la luna. Y es cierto que había muchos científicos en otros países que tenían las mismas ideas, que quizás lo lograron, y que además pueden estarse revolcando en sus tumbas al ver que sus ideas o, en algunos casos específicos, las ideas con ideador y todo, fueron robadas, pero acá es donde viene la gran diferencia de los gringos: Una vez que lograron el desafío, saltaron jubilosos y se abrazaron (muchos por primera vez en sus vidas)… Digo, una vez que lograron la meta, no pasan ni dos minutos y aparece la segunda sub-raza gringa (las langostas) que ya ha ideado la forma de sacarle plata; y vamos usando los cohetes pa instalar satélites y la bomba atómica pa chantajear huevones.
Entonces, afino un poco más la puntería y me declaro admirador de la primera sub-raza. Ese lote de idealistas hasta la médula que pueden dejar a sus hijos sin comer, encerrarse en un garage por semanas o jugarse la fortuna familiar en la construcción de una trampa de ratones más eficiente. Son ellos, gente como los Wright, Howard Huges, Franklin, Edison, Steve Jobs, etc, que le han dado a la sociedad americana el prestigio que ahora se ha ido desgastando.
Hay una tercera sub-raza, y el análisis no estaría bien si no la menciono: ‘La carne de cañón’. A pesar del nombre peyorativo, no deja de ser otra demostración más de la eficiencia gringa. Son ellos muy cerrados en cuanto a admitir dentro de su círculo a personas que no concuerden con su standard de ‘ser humano’. Sin embargo, cuando se hacen necesarios, ya sea para que suden soldando en la cámara más profunda de un barco en construcción, o para que les limpien las fosas sépticas, en ese caso, están dispuestos a admitirlos. Y si sobran… bueno, si sobran, les ponemos un uniforme bonito y los mandamos a pelear por ahí para conseguir petróleo más barato… Como este segmento está controlado por la segunda sub-raza, algún provecho hay que sacarles (no sé si habrá una estadística de los porcentajes de morenos y rubios que han muerto en Irak). ¿Y si todo sale mal? Bueno, en ese caso la sociedad se purifica y volvemos a comenzar.
Y me falta la cuarta sub-raza, la que compone la mayoria y la cual tu te has topado en estos días y tanto admiras. Les llamaré ‘votantes’.
Estos viven ajenos a la tremenda efervescencia de las otras tres y pueden llevar una vida paradisiaca, con todo en orden, sin preocuparse mayormente de la delincuencia ni de su futuro económico, pues se les permite vivir tranquilamente; sin mayores sobresaltos. Estos tienen tiempo para divertirse con comediantes, carreras Nascar , baseball, o football americano (que gran diseño de sociedad está completo sin el Circo).
Ellos jamás reclamarán y raramente saldrán a la calle a protestar por lo que haga su presidente (generalmente una ‘langosta’ o títere de éstas). Mientras todo esté bien y siga funcionando normalmente, permanecerán como tranquilos espectadores de lo que ocurra con los otros sectores. ¿Y cómo se ganan su derecho a esta paz?… Bueno, son ordenados, eficientes, educados y, como metódicos que son, representan la gran fuerza votante de la sociedad.
¿Qué si tengo razón?
¡Claro que no! No vivo allá y no tengo idea de lo que pasa.
Pero me divierte pensarlo y es un buen ejercicio mental.
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