Querido Blog:
Sí.. El título es siútico.. pero el ponerlo a sabiendas me hace un tipo inteligente.
He estado un tanto ocupado encontrando explicaciones lógicas al proceso por el que estoy pasando, pero definitivamente no las hallo. Ocurre, querido blog, que hace ya una semana ocurrió algo extraño (X Files.. un coco de mono).
Me encontré viendo un programa de baile de lo más imbécil, con un paquete de puchos que iba ya medio a pesar de haberlo comprado bien entrada la tarde… para remate… don Miguel me miraba fijo a través de su hoyito en la garganta y mi pieza olía a puchos mal apagados y a las pelusas que, acumuladas en el piso, marcaban la ruta que seguían las ruedas de mi silla cuando me echaba hacia atrás. Entonces recordé una cita que había visto en Internet, estaba en inglés, pero no representaba problema alguno para un individuo que se había leído “The King Solomon’s Mines”; pido perdón por no recordarla en inglés, lo que puede quitarle precisión, pero decía más o menos así.. (no me pregunten por el nombre del huevón que lo dijo).. Como te contaba, querido blog, la cita decía: “No le temo a la muerte tanto como a una mala vida”.
Las vulcanitas del techo se abrieron de golpe dejando pasar cegadores rayos de luz blanca, y me vi elevado a las alturas en un pequeño viaje astral.. pequeño, pero suficiente para ver desde lo alto el triste espectáculo que presentaba. Sentí vergüenza.
Agarré a don Miguel por el cogote y me dirigí con su asquerosa carga hacia el baño, tome los puchos que quedaban y, partiéndolos por la mitad, los tiré por el desague. Luego puse desodorante ambiental por toda la pieza y al otro día, temprano en la mañana, me levanté lleno de energía y le hice un buen aseo a mi habitación. Desde ahí no he parado, obligándome a mirar el espectáculo que doy a cada momento… En alguna parte leí: “Si alguien te filmara mientras trabajas, sin que lo supieras; al ver esa filmación, sentirías orgullo o vergüenza”… Cuando pienso en eso, ya no me pongo tan rojo como hace una semana atrás.
También desempolvé algunos recuerdos, juego más con mi niña y hasta le he conversado a mi suegra. También pedí que los almuerzos sean menos contundentes, y cuando salgo a lugares que estén cerca de mi casa evito tomar el colectivo… me siento bien luego de caminar a paso enérgico, escuchando música, y pasando por alto la tentación de mirar hacia las ventanas cuyas cortinas moviéndose delatan la presencia de alguna viejita copuchenta o adolescente lujuriosa.
Siento que ha sido bueno, por lo que me apuraré a publicar este post antes de que se me pase.
PD.. Dentro de este cambio, también desbloquee el msn de la morenita, pero ya debe haberme eliminado (jajajaja).
He estado un tanto ocupado encontrando explicaciones lógicas al proceso por el que estoy pasando, pero definitivamente no las hallo. Ocurre, querido blog, que hace ya una semana ocurrió algo extraño (X Files.. un coco de mono).
Me encontré viendo un programa de baile de lo más imbécil, con un paquete de puchos que iba ya medio a pesar de haberlo comprado bien entrada la tarde… para remate… don Miguel me miraba fijo a través de su hoyito en la garganta y mi pieza olía a puchos mal apagados y a las pelusas que, acumuladas en el piso, marcaban la ruta que seguían las ruedas de mi silla cuando me echaba hacia atrás. Entonces recordé una cita que había visto en Internet, estaba en inglés, pero no representaba problema alguno para un individuo que se había leído “The King Solomon’s Mines”; pido perdón por no recordarla en inglés, lo que puede quitarle precisión, pero decía más o menos así.. (no me pregunten por el nombre del huevón que lo dijo).. Como te contaba, querido blog, la cita decía: “No le temo a la muerte tanto como a una mala vida”.
Las vulcanitas del techo se abrieron de golpe dejando pasar cegadores rayos de luz blanca, y me vi elevado a las alturas en un pequeño viaje astral.. pequeño, pero suficiente para ver desde lo alto el triste espectáculo que presentaba. Sentí vergüenza.
Agarré a don Miguel por el cogote y me dirigí con su asquerosa carga hacia el baño, tome los puchos que quedaban y, partiéndolos por la mitad, los tiré por el desague. Luego puse desodorante ambiental por toda la pieza y al otro día, temprano en la mañana, me levanté lleno de energía y le hice un buen aseo a mi habitación. Desde ahí no he parado, obligándome a mirar el espectáculo que doy a cada momento… En alguna parte leí: “Si alguien te filmara mientras trabajas, sin que lo supieras; al ver esa filmación, sentirías orgullo o vergüenza”… Cuando pienso en eso, ya no me pongo tan rojo como hace una semana atrás.
También desempolvé algunos recuerdos, juego más con mi niña y hasta le he conversado a mi suegra. También pedí que los almuerzos sean menos contundentes, y cuando salgo a lugares que estén cerca de mi casa evito tomar el colectivo… me siento bien luego de caminar a paso enérgico, escuchando música, y pasando por alto la tentación de mirar hacia las ventanas cuyas cortinas moviéndose delatan la presencia de alguna viejita copuchenta o adolescente lujuriosa.
Siento que ha sido bueno, por lo que me apuraré a publicar este post antes de que se me pase.
PD.. Dentro de este cambio, también desbloquee el msn de la morenita, pero ya debe haberme eliminado (jajajaja).
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