El Factor X

Con el correr de las letras me he ido dando cuenta que esto del blogueo puede ser una buena terapia. Hasta me estoy sintiendo mejor, fíjense. Parece que el poner algunas sensaciones por escrito te da la posibilidad de analizarlas más a fondo y, no digo entenderlas, pero acercarse al menos. Si a ello agregamos el que otra gente con sus comentarios te pueda hacer ver el asunto desde otros puntos de vista, la cosa puede ser bastante positiva. En mi anterior artículo intentaba descubrir cuál era el gatillo que me frenaba, como si el movimiento fuera la norma. Pero NO. La norma es estarse quieto. Los gatillos por descubrir son aquellos que te mueven.
En ese sentido, debo darle algún crédito al bendito Maslow por poner las necesidades en orden. Pero sólo ‘algún’ crédito. Creo que esos son los gatillos norma pa la Tropa. Viéndolo en un plano general, es obvio que nadie piensa en pintar un cuadro si no tiene para comer o no ha dormido bien. Pero sólo en general; hubo una vez en Holanda un tal Vincent que se gastaba lo del desayuno en pintura; y no le ha ido mal, sólo que después de muerto. ¿Qué ese no vale porque estaba loco? ¡Y quién no! Sólo que en distinto grado. No somos todos iguales, no razonamos todos de la misma forma, pero sí lo hacemos dentro de parámetros que se pueden considerar ‘normales’. Si te sales, tienes dos posibilidades: si te va bien, eres genio; si no, huevón.
Y en esto estamos de acuerdo, mi querido Raúl: Maslow olvidó un factor fisiológico que es casi tan importante como el comer o dormir, y que en algunos casos puede ser tan relevante que puede terminar mandando a la mierda el resto de la pirámide. Pongámosle nombre (seguro ya lo tiene): el factor X.
Este factor X, teorizo, es distinto en cada persona y depende de una programación fisioneuronal que ha tomado millones de años y, por lo tanto, no puede ser borrada de un plumazo. Es lo que hace que algunos sean empresarios aunque estén en la ruina; o que otros sean héroes cuando sus sociedades están en guerra pero en tiempos de paz deben contentarse con ser unos simples delincuentes. Cuando tu actividad coincide con lo que te manda hacer el factor x, puedes considerarte un huevón con vocación. El problema es cuando luchas contra eso; puede terminar en catástrofes inconmensurables. Imagínate un doctor con un factor x de comerciante... O un Cura con factor gozador.
Dicho esto, busquemos entonces mi factor X. Ya tengo claro el freno: el famoso ‘¿Para qué?’.
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Es un tanto dificil, porque uno tiende a pensar que toda la gente ve las cosas como lo hace uno, y, por lo tanto, no es fácil encontrar los rasgos diferentes.
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Creo que va por el lado del descubrimiento. Sí. Porque si hay algo en que me noto distinto es en el hambre por ver cosas nuevas. El otro día, precisamente, mi hermana me hueviaba porque cada vez que voy a su casa se le marcan como favoritos, en el televisor, el Discovery y el History channel. Sí, puede que vaya por ahí.
Pero meterme a estudiar una carrera de paleontología, o de detective, a estas alturas es como un poco mucho... Sabes que me estoy encontrando mucho sentido. No logro perfeccionarme en nada porque hacerlo por segunda vez ya no tiene gracia.
¡ESO ES! Gracias blog.
Y claro... ahora lo veo todo muy nítido. Es por eso que el aplicar una técnica nueva, o que me pidan algo que nunca he hecho, o agregar a mi stock de herramientas una nueva, mejora tanto mi rendimiento. Cuando eso es así, no hay tiempo de preguntarse ¿Para qué? Simplemente cierras los ojos y te tiras, nada te puede distraer, no duermes... no hay hambre. Estoy eufórico. Recuerdo una vez que fui a pescar a un sector denominado ‘El Campanario’, cerca de la frontera con Argentina. Antes de media hora había sacado una treintena de truchas y dejé mi caña al lado y no continué. El resto no podían de contentos al ver la bonanza, pero no era eso lo que yo quería. Lo que buscaba era tener que encontrar los peces, no que ellos me encontraran a mi.
O el caso de un amigo que tiene un negocio de fotocopias. Durante meses me había pedido que le ayudara a reparar una caja con una ampolleta dentro en la que secaba el papel. Nunca me interesó hasta que me dijo que, aún antes de que se le cayera la puerta, la caja conservaba humedad en su interior y no realizaba un buen trabajo. Se me iluminó la mirada ¿No has pensado en ponerle un extractor que le saque la humedad? En un dos por tres tenía un enredo de cables. Le hice un hoyo a la caja y le puse uno de estos extractores de aire como los de los computadores que mi amigo tenía por ahí; luego lo alimentamos con un cargador viejo de celular, de esos que andan botados, y ahora el guatón tiene una buena caja de secado. Lo que más me costó fue atornillarle la bisagra de la puerta; una lata.
Ahora mismo estoy con trabajo atrasado pues debo poner todo lo que tenía en este computador de mierda para hacer algunas modificaciones a unos informes que hice hace meses. Estoy seguro que si llegan a pedirme un programa que controle las temperaturas de un invernadero no duermo en tres días.
Sí. Necesito algo nuevo.
Creo que instalaré Internet en mi casa. Como sea!

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