Down Under
Me declaro medio fanático de Tolerancia Cero, que transmite Chilevisión los domingos. Esta maña me ha impedido disfrutar de algunos pequeños placeres que son comunes al resto de los mortales. Por ejemplo, quedo out cuando me cuentan la última de CQC, o si me preguntan si vi a la Claudia Conserva bailando como topletera. Sin embargo, si había algo que me tenía tostado en este último tiempo era que todos los que me rodean (incluso los que antes se referían babeantes al colaless de la Conserva) no hablaban de otra cosa que no fuera Lost. Es cierto, algunas veces pinchaba la serie en los comerciales y me parecía una excelente producción, pero no se puede opinar más con cinco minutos a la semana.
Bueno… como todo tiene solución en la época dorada del intercambio y los copiadores de DVD, no debía pasar mucho tiempo hasta que llegara a mis manos la colección completa de la primera temporada. Me hice un plan, vería un capítulo diario, o cada dos días, y, cuanto más, en un par de semanas, estaría al día y preparado para entablar alguna pequeña conversación con el colectivero (el mismo que me miró como si fuera marica cuando le dije que me gustaba Villegas) ¡Por la misma mierda! Tengo unas ojeras que me llegan hasta el suelo… ¡Me he mandado una maratón de Lost! Por las noches (o madrugadas) cierro los ojos tratando de conciliar el sueño y se me aparece el viejo culiado ese, el John Locke, tratando de abrir una escotilla misteriosa en medio de la selva. ¿¡Y para qué?! Para que secuestren un mocoso en el último minuto y me dejen enganchado para la temporada siguiente. Tengo entendido que todavía es moda en los Estados Juntos. Eso quiere decir, si tomo como base el caso de otras seriales exitosas (Friends, p ej), que deberán pasar al menos unos ocho años más antes de saber que significan esas cagás de números.
No hay derecho. Debería haber una ley (quizás si la ley del consumidor se pueda arreglar) en contra de dejar metidos a los televidentes. Te pones a ver algo con la confianza de que te van a sacar del empacho al final, pero los huevones prefieren dejarte metido y que sigas consumiendo por otro par de años. Es más, como estas mermeladas las mueve el rating, lo más probable es que nisiquiera los guionistas sepan pa donde va la micro.
Sin embargo, un pequeño detalle en uno de los capítulos hizo que valiera la pena. Bebiendo en un bar, en algún rincón de Australia, se encuentran dos de los personajes. Hablaron un par de pestes respecto al país, y entonces uno de ellos dice: “Por eso le llaman Down Under, es lo más cerca que puedes estar del infierno sin quemarte”. Luego creí recordar que Men at Work es un grupo australiano, y todo tomó sentido.
Bueno… como todo tiene solución en la época dorada del intercambio y los copiadores de DVD, no debía pasar mucho tiempo hasta que llegara a mis manos la colección completa de la primera temporada. Me hice un plan, vería un capítulo diario, o cada dos días, y, cuanto más, en un par de semanas, estaría al día y preparado para entablar alguna pequeña conversación con el colectivero (el mismo que me miró como si fuera marica cuando le dije que me gustaba Villegas) ¡Por la misma mierda! Tengo unas ojeras que me llegan hasta el suelo… ¡Me he mandado una maratón de Lost! Por las noches (o madrugadas) cierro los ojos tratando de conciliar el sueño y se me aparece el viejo culiado ese, el John Locke, tratando de abrir una escotilla misteriosa en medio de la selva. ¿¡Y para qué?! Para que secuestren un mocoso en el último minuto y me dejen enganchado para la temporada siguiente. Tengo entendido que todavía es moda en los Estados Juntos. Eso quiere decir, si tomo como base el caso de otras seriales exitosas (Friends, p ej), que deberán pasar al menos unos ocho años más antes de saber que significan esas cagás de números.
No hay derecho. Debería haber una ley (quizás si la ley del consumidor se pueda arreglar) en contra de dejar metidos a los televidentes. Te pones a ver algo con la confianza de que te van a sacar del empacho al final, pero los huevones prefieren dejarte metido y que sigas consumiendo por otro par de años. Es más, como estas mermeladas las mueve el rating, lo más probable es que nisiquiera los guionistas sepan pa donde va la micro.
Sin embargo, un pequeño detalle en uno de los capítulos hizo que valiera la pena. Bebiendo en un bar, en algún rincón de Australia, se encuentran dos de los personajes. Hablaron un par de pestes respecto al país, y entonces uno de ellos dice: “Por eso le llaman Down Under, es lo más cerca que puedes estar del infierno sin quemarte”. Luego creí recordar que Men at Work es un grupo australiano, y todo tomó sentido.
Espero que este detalle sea del interés de alguien más, así mis ojerillas comiencen a merecer su existencia.
Comentarios
bueno, te contare que la serie original esta presupuestada para tres temporadas, pero un seguidor se hizo la misma pregunta que tu (Stephen King) el cual aposto una suma de dinero a los guionistas si cumplian con este plan original.