No Hay Título. Y Qué!!
Pa ser mi primer ‘artículo’ había pensado en subir algo trascendente. Algo así como un nuevo poema 20, o una nueva teoría que dejara en ridículo al mismo Einstein. Sin embargo, en vista de que mi vida no transita por las veredas de la sabiduría ni de la emoción, no me ha quedado otra que exponerme al mundo con esta mierda de escrito sin ningún objetivo. De hecho, ni siquiera se me ha ocurrido poner algún título que pueda condicionar el desarrollo posterior. Así, si se me ocurre, más tarde, hablar acerca de la importancia del chanchito de tierra…
No sé bien cuál es el objetivo de estos blogs, entiendo que son una especie de diario de vida, o, más bien, un diario de emociones. Desde esa perspectiva, hacer una especie de bitácora con lo que me ocurrió a las 10:00 am no tiene ningún sentido. ¿O sí?
Por ejemplo, ahora podría hablar de una porota chica de 2,5 años que me está hinchando las pelotas preguntándome dónde puede dejar el control remoto, cómo si debiera ir en algún lugar específico! Ya le he ofrecido sobre el velador y sobre la cama. Si me pregunta nuevamente la mando a la cresta! (Se salvó; más bien me salvé yo, no habría podido).
¿Cómo mierda se puede encender un televisor de los actuales a todo volumen? He quedado pegado en el techo.
Luego de la muerte de mi Sra, hace algo más de medio año, he quedado como único dueño de esta pequeña. Hay más reclamos de propiedad por ahí (abuelas y otras), pero considero que al heredarla he heredado el 100% de la responsabilidad de lo que salga de este proyecto de ser humano. Luego, como heredé la responsabilidad, supongo que heredé también la propiedad.
¡Así es que aquí se hace lo que yo digo, mierda! Extrañamente, siempre estamos de acuerdo.
Ahora, seguramente sabe cómo duele, le ha dado por cantar el caballito blanco. Es su forma de manipularme para ver si le propongo algún programa algo más entretenido que ver mi espalda mientras tecleo. Cagó, está lloviendo.
Si lee esto cuando vieja pensará que era un ogro. Nada más lejos de mi triste realidad de padre dominado. Aunque no malenseñador. Eso sí que no.
Por otro lado, estoy consciente que mi estado anímico está muy influenciado por mis visitas recurrentes, durante la semana pasada, a una clínica que se parecía mucho a aquella en la que murió mi señora. Espero pase pronto.
Sin ser psicólogo (y quizás por lo mismo), creo que sufro de stress postraumático. La verdad es que la semana anterior me ha dejado peor que si me hubieran dado una pateadura una manada de elefantes.
Cagué por ahora. Sigo otro día.
No sé bien cuál es el objetivo de estos blogs, entiendo que son una especie de diario de vida, o, más bien, un diario de emociones. Desde esa perspectiva, hacer una especie de bitácora con lo que me ocurrió a las 10:00 am no tiene ningún sentido. ¿O sí?
Por ejemplo, ahora podría hablar de una porota chica de 2,5 años que me está hinchando las pelotas preguntándome dónde puede dejar el control remoto, cómo si debiera ir en algún lugar específico! Ya le he ofrecido sobre el velador y sobre la cama. Si me pregunta nuevamente la mando a la cresta! (Se salvó; más bien me salvé yo, no habría podido).
¿Cómo mierda se puede encender un televisor de los actuales a todo volumen? He quedado pegado en el techo.
Luego de la muerte de mi Sra, hace algo más de medio año, he quedado como único dueño de esta pequeña. Hay más reclamos de propiedad por ahí (abuelas y otras), pero considero que al heredarla he heredado el 100% de la responsabilidad de lo que salga de este proyecto de ser humano. Luego, como heredé la responsabilidad, supongo que heredé también la propiedad.
¡Así es que aquí se hace lo que yo digo, mierda! Extrañamente, siempre estamos de acuerdo.
Ahora, seguramente sabe cómo duele, le ha dado por cantar el caballito blanco. Es su forma de manipularme para ver si le propongo algún programa algo más entretenido que ver mi espalda mientras tecleo. Cagó, está lloviendo.
Si lee esto cuando vieja pensará que era un ogro. Nada más lejos de mi triste realidad de padre dominado. Aunque no malenseñador. Eso sí que no.
Por otro lado, estoy consciente que mi estado anímico está muy influenciado por mis visitas recurrentes, durante la semana pasada, a una clínica que se parecía mucho a aquella en la que murió mi señora. Espero pase pronto.
Sin ser psicólogo (y quizás por lo mismo), creo que sufro de stress postraumático. La verdad es que la semana anterior me ha dejado peor que si me hubieran dado una pateadura una manada de elefantes.
Cagué por ahora. Sigo otro día.
Comentarios