¡Ha vuelto!

Ha regresado mi querido notebook. El único problema: lo restauraron. O sea, me pasé toda la semana pasada configurando el tarro que me prestaron para salir del paso (no lo logré)… y ahora me devuelven mi notebook ‘restaurado’; ed, en cero. Lo primero que instalé fue Internet; ahora, mientras se actualizan algunos archivos, puedo escribir algo para el blog.
Pero respaldé, no soy tan huevón. Hasta se lo restregué en la cara a un amigo que, mientras conversábamos acerca de la pana de mi notebook, me preguntó: “¿Y respaldaste?” –como si yo fuera imbécil-. ¡Pero claro! Sólo se me pasó –respondí- la carpeta de Mis Documentos, aunque sólo tenía un par de archivos; nada de importancia. En realidad mentí, y cada vez que pienso en esa maldita carpeta me acuerdo de alguna foto, canción, carta, o proyecto de cuento que no respaldé; pero no iba a estar reconociendo huevás pa que se riera de mí. El en cambio reconoció con humildad que cada vez que formateaba se le olvidaba la mitad de las huevás importantes. “Ja, ja”… me reí con sorna. Y la habría seguido gozando si no me menciona el maldito Outlook. Se estaba explayando acerca de lo rasca que era este error, y la gran información que se perdía, sobre todo cuando los archivos bajados solo los ‘abrías’ sin guardarlos en otro lugar de la PC. Ahí ya se me cayó la jeta y mi amigo cachó. Cuando me vio en el suelo, echó la risotada y me pateó en el hígado y las pelotas: “O sea que cagaron todos los contactos… Ja, ja, ja”.
¡Cagaíta!
Trataré de no pensar más en el asunto o terminaré descubriendo algo más.

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