¡Y eran los cables!

Tal y como lo venía sospechando en este último tiempo, se les habían quedado mal conectados los cables a los mermelá de packard bell. Llegué a un punto casi óptimo. De hecho, hace ya muchas horas que no se apaga el monitor.
Pero bueno: solo CASI óptimo.
Lo que me está molestando es que no se suspende al cerrar la tapa. Sé que es lo de menos y que debo considerarme un consumidor feliz porque ya no se me apague el monitor, pero el ser humano siempre quiere más. Me frena el pensar que puedo volver a soltar el cablecito que me estaba hueviando antes y esto puede terminar en tragedia. Al menos, ya me he aguantado toda la mañana sin meterle mano y creo que seguiré así.
Me recuerdo un viejo y muy mal chiste que relataba la historia de una señora que llamaba un gásfiter porque una llave goteaba. El gásfiter, luego de detener la gotera, cobra 2 mil pesos y se dispone a marcharse cuando a la dueña de casa se le ocurre abrir la llave en cuestión, notando que no funciona. “Pero cómo!”, se queja, “¡No sale nada de agua!”. “Putas Sra”, responde el hombre algo tostado, “¡Decídase, pues!”.

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