¡Viento y la Conch...!


(Nota Posterior: Publicación retrasada por problemas con la conexión a Blogspot)

Vengo bajando del techo. Y estoy despierto desde las 3 y media de la mañana, más o menos, por culpa de este maldito temporal.
Empecé muy temprano persiguiendo un toldo que tenía en la entrada y que, si bien en el verano prestaba una gran utilidad, el que permaneciera ahí era sólo un capricho de mi suegra que encontraba que "se veía bien". Luego... Luego el desastre. Este verano se había agregado una ampliación a la casa (hago esta aclaración por si lo lee alguien más que Raúl Eduardo) y había pasado con mínimos problemas las pequeñas lluvias que habían caído hasta ahora. Estos problemas consistían en que las planchas del nuevo techo no calzaban exactamente con el muro, y en que se le había sacado un trozo a una de ellas para que pasara el tubo de ventilación del cálefont. Ahora bien, como estas irregularidades se encontraban bajo el alero de la antigua construcción, las filtraciones habían sido menores.
¡Pero este temporal de mierda...!
30 km/hr de viento dejaron al descubierto toda la flojera; la de los maestros que dejaron eso así, más la mía que sabiendo la que quedaría me hice el huevón. Estaba convencido de que bajaría un ángel a arreglar la cagadita. Pero como "Culpar es humano" (la acabo de acuñar) ya estoy casi convencido de que no tuve responsabilidad alguna en la inundación del baño. Maestro ‘e mierda. Pero se le quedó una mesita de fierro que me vendrá muy bien para instalar mi sierra. Si no logro enojarme con él y liberarme así de toda culpa, al menos me haré el enojado para quedarme con ella.
¿Tantas horas en el techo? No.
Lo que pasa es que en la mañana cerré los ojos y partí a un Homecenter. En medio del temporal, y mientras amanecía, llegué al convencimiento de que necesitaba unas canaletas para el agua lluvia, además de uno que otro palito y un par de planchas de zinc para hacerme un pequeño taller en lo que queda de patio (ocurrió que no tenía un lugar seco en donde acomodar las cosas una vez que logré atrapar el toldo). Unas veinte luquitas que gaste, me dije; total he gastado más en los remedios de mi suegra. ¡¡¡$59.500!!!
Snifff!
A ver si me alcanzan a traer las huevás que compré antes de que se me pase el impulso. Me estoy imaginando una vida feliz con mi techo nuevo. Podré instalar mi sierra, mi banco, mi torno hecho con un motor de licuadora... Cuando no sepa que hacer, podré ir trabajando de a poco en la casa de muñecas de mi pequeña. Ahhhh! ¡Vida Feliz!
Sueño con tener un espacio propio con las herramientas montadas y a mano. ¿Hay que hacer un hoyo? No hay problema, enchufo el taladro y ya está. Hasta ahora debo subir al entretecho, sacar todo, intentar hacer el hoyo, subir al entretecho a buscar la broca apropiada, hacer el hoyo, subir a dejar las cosas...
A menos que, claro, mi suegra se apropie del espacio apenas esté construido. ¡Guaaaaaaaaaa! ¡¡La estoy viendo amarrando unos alambres entre los pilares para colgar ropa!!
Eso no lo permitiré. Antes de clavar un clavo dejaré en claro las cosas. Un par de puteadas de entradita ablandan toda negociación.

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